Hace cuatro años, El Salvador enfrentó un desafío significativo con un repunte de homicidios, alcanzando 62 muertes el 25 de marzo de 2022, un problema que había sido alimentado por la actividad de pandillas que habían dominado el país durante décadas. Sin embargo, este momento crítico también marcó el inicio de un cambio positivo en la estrategia de seguridad del país.

El presidente Nayib Bukele tomó medidas decisivas al implementar el Plan Control Territorial y decretar un Régimen de Excepción. Estas acciones no solo buscaron desarticular a grupos como la MS13 y el Barrio 18, responsables de la violencia y la extorsión, sino que también representaron un compromiso firme con la paz y la seguridad en las comunidades salvadoreñas. La respuesta del Gobierno fue clara: no más tolerancia a la violencia.

Desde la implementación de estas medidas, El Salvador ha comenzado a ver resultados positivos. Aunque el régimen de excepción permitió la detención de decenas de miles de pandilleros, también ha forzado a muchos de ellos a esconderse o a dejar el país, lo que ha contribuido a una notable disminución en la violencia en las calles. La población experimenta un entorno más seguro, lo que ha renovado la esperanza y la confianza en el futuro del país.






