El avance del crimen organizado y las pandillas ha provocado un giro político en la región centroamericana, donde el modelo de seguridad implementado en El Salvador por el Gobierno del Presidente Nayib Bukele, gana terreno como referente exitoso en el combate al crimen.
Por ejemplo Costa Rica, que antes era conocida como la «Suiza centroamericana» vive un cambio de paradigma ante una tasa de homicidios récord (17 por cada 100,000 habitantes); y en un marco preelectoral, la candidata oficialista Laura Fernández, lidera las encuestas con una retórica inspirada en el Presidente Bukele, prometiendo megacárceles y estados de excepción.
Por otra parte, el nuevo presidente de Honduras, Nasry Ásfura, promete control territorial y planes antiextorsión, distanciándose del estado de excepción de su antecesora.
Guatemala por otro lado, enfrenta una profunda crisis de violencia y pugna de poderes. El gobierno de Bernardo Arévalo enfrenta una ofensiva del Barrio 18 que ha puesto en jaque al sistema penitenciario.
Tras el asesinato de diez policías y motines carcelarios, el gobierno busca retomar el control de prisiones donde los líderes criminales gozaban de privilegios.
En conclusión, la región se debate entre la urgencia de frenar la violencia criminal con la adopción de medidas extraordinarias.






