La escalada militar entre , e ha generado una sacudida inmediata en los mercados energéticos, con incrementos marcados en el petróleo y el gas natural ante el riesgo de interrupciones en el suministro global.
El crudo subió 9% y alcanzó los 79 dólares por barril, mientras los futuros del diésel avanzaron 20%. En paralelo, el contrato TTF negociado en —referencia europea del gas— se disparó más de 40% tras el ataque a instalaciones clave en la región.
Entre los factores que presionan los precios figura el cierre de la planta de gas licuado de Ras Laffan, en , segundo mayor exportador mundial de GNL y proveedor central para la Unión Europea. También se reportaron afectaciones en la refinería saudí de Ras Tanura, considerada una de las más grandes del planeta.
La tensión se agrava por la paralización del tránsito en el estrecho de Ormuz, paso estratégico entre Omán e Irán por donde circula cerca de una quinta parte del comercio marítimo de petróleo y gas. Aunque no existe un bloqueo físico confirmado, navieras y aseguradoras han suspendido operaciones, dejando decenas de buques detenidos.
Analistas de advierten que el tráfico petrolero muestra una interrupción significativa, pese a que no se han confirmado daños directos en la producción. Expertos del sector estiman que, si la tensión persiste, el barril podría ubicarse entre 85 y 90 dólares en el corto plazo, e incluso acercarse a los 100 dólares.
El contexto revive comparaciones con el embargo petrolero de los años setenta. De acuerdo con estimaciones de , superar el umbral de 90 dólares no sería improbable bajo el escenario actual, marcado por incertidumbre geopolítica y restricciones logísticas en el principal corredor energético del mundo.






